El autocuidado en vacaciones no debería convertirse en otra lista de cosas que tenemos que hacer bien. Precisamente cuando llegan esos días en los que queremos olvidarnos del reloj, cambiar de horarios y descansar, es normal que también cambie nuestra forma de cuidarnos. Desde nuestra tienda de cosmética natural preferimos verlo de una manera mucho más sencilla: no se trata de mantener intacta la rutina de todo el año, sino de conservar aquellos pequeños gestos que nos hacen sentir bien y adaptarlos al momento que estamos viviendo.
Porque las vacaciones alteran prácticamente todo. Nos levantamos más tarde, desayunamos a otra hora, comemos fuera, pasamos el día en la playa o recorriendo una ciudad y quizá volvemos al alojamiento cuando normalmente ya estaríamos durmiendo.
En medio de todo eso, nuestra rutina habitual puede perderse un poco.
Y no pasa nada.
El problema aparece cuando pensamos que solo existen dos posibilidades: seguir haciendo exactamente lo mismo que en casa o abandonar todos nuestros cuidados hasta que terminen las vacaciones.
Entre ambos extremos hay bastante espacio.
¿Por qué abandonamos nuestras rutinas cuando llegan las vacaciones?
Durante buena parte del año nuestros hábitos están asociados a determinados momentos del día.
Nos levantamos, nos duchamos, realizamos nuestra rutina facial y salimos de casa. Por la noche ocurre algo parecido. Cenamos, nos lavamos los dientes, limpiamos el rostro y nos acostamos.
No necesitamos pensar demasiado en ello porque llevamos meses repitiéndolo.
Cuando viajamos, esas referencias desaparecen.
Quizá un día desayunamos a las diez y otro a las doce. Nos duchamos después de la playa en lugar de hacerlo por la mañana. Cenamos mucho más tarde y llegamos tan cansados que lo último que apetece es ponerse delante del espejo durante quince minutos.
Es bastante comprensible que algunos hábitos se pierdan.
Por eso, en lugar de sentir que hemos “abandonado” nuestra rutina, podemos preguntarnos algo más útil: ¿qué cuidados quiero seguir manteniendo porque realmente me hacen sentir bien?
La respuesta probablemente sea mucho más corta de lo que pensamos.
Autocuidado en vacaciones: cuidarse sin convertirlo en una obligación
A veces hablamos del autocuidado como si consistiera en hacer muchas cosas.
Una rutina facial completa, ejercicio, alimentación perfecta, beber determinada cantidad de agua, dormir ocho horas, meditar…
Si intentamos trasladar todas esas expectativas a las vacaciones, es fácil que el autocuidado termine pareciéndose demasiado a una obligación.
Y esa no es la idea.
El autocuidado en vacaciones también puede consistir en dormir una hora más porque no tenemos que poner el despertador. Puede ser buscar una sombra cuando llevamos demasiado tiempo al sol, beber agua porque hace calor o dedicar unos minutos a limpiar el rostro antes de acostarnos.
Incluso puede ser decidir que esa tarde no vamos a hacer absolutamente nada.
Cuidarnos no siempre implica añadir actividades. A veces consiste precisamente en quitar algunas.
No necesitas mantener exactamente la misma rutina
Una de las mejores cosas que podemos hacer antes de viajar es asumir que nuestra rutina va a cambiar.
Eso evita llevarnos una maleta llena de productos que probablemente no utilizaremos.
Si normalmente nuestra rutina facial incluye varios pasos, podemos preguntarnos cuáles son realmente imprescindibles durante esos días.
Una limpieza adecuada, hidratación según las necesidades de nuestra piel y protección solar pueden formar una base sencilla.
A partir de ahí, cada persona puede mantener aquellos productos específicos que realmente necesite.
La clave está en no complicarlo demasiado.
Porque una rutina de cuatro minutos que hacemos todos los días probablemente sea más útil durante las vacaciones que otra de quince minutos que abandonamos al tercer día.
Simplificar también es una forma de cuidarse
Existe cierta tendencia a pensar que simplificar significa cuidar menos.
No necesariamente.
Pensemos en un día normal de vacaciones. Hemos pasado la mañana visitando un lugar, después hemos comido fuera, por la tarde hemos ido a la playa y finalmente hemos cenado con amigos.
Cuando llegamos al alojamiento son las doce de la noche.
¿De verdad vamos a realizar una rutina de ocho pasos?
Quizá sí. Pero lo más probable es que no.
En cambio, limpiar correctamente la piel y aplicar los cuidados básicos es algo mucho más asumible.
Por eso merece la pena adaptar nuestras expectativas a la realidad de esos días.
Una rutina sencilla no es una rutina peor. Es una rutina que hemos diseñado teniendo en cuenta cómo vamos a vivir durante las vacaciones.

La protección solar no debería tomarse vacaciones
Hay un cuidado que durante el verano adquiere especial importancia: proteger la piel de la exposición solar.
Y no únicamente cuando vamos a la playa.
Podemos pasar muchas horas expuestos mientras caminamos por una ciudad, comemos en una terraza, hacemos una excursión o simplemente paseamos.
Por eso la protección solar funciona mejor cuando deja de ser algo que asociamos exclusivamente con “tomar el sol” y se convierte en un hábito cotidiano.
También conviene recordar las medidas físicas de protección. Buscar sombra en las horas de mayor exposición, utilizar sombrero, ropa adecuada o gafas de sol son gestos sencillos que complementan el uso de protector.
Aquí el autocuidado no tiene nada que ver con la estética.
Tiene que ver con proteger nuestra piel.
Cuidar la boca aunque cambien los horarios
La higiene bucal es otro de esos hábitos que pueden relajarse durante las vacaciones.
Especialmente por la noche.
Estamos cenando fuera, después tomamos algo, volvemos tarde al hotel y pensamos: “mañana me cepillo bien”.
Un día puntual puede ocurrirle a cualquiera. Cuando empieza a repetirse todas las noches, la situación cambia.
Por eso merece la pena mantener el cepillo y el dentífrico a mano, incluso si estamos haciendo una excursión larga o pasando el día fuera.
Si viajamos durante varias semanas, podemos incluir también aquellos elementos de higiene interdental que utilizamos habitualmente.
No necesitamos cambiar nuestra rutina bucal porque estemos de vacaciones. Simplemente tenemos que encontrar el momento para mantenerla.
Descansar también forma parte del autocuidado
Parece una contradicción, pero hay personas que regresan de vacaciones necesitando descansar de sus vacaciones.
Queremos aprovechar cada día.
Si estamos visitando un lugar nuevo, intentamos verlo todo. Si vamos a la playa, queremos llegar temprano. Por la noche salimos a cenar y después nos acostamos mucho más tarde de lo habitual.
Y al día siguiente repetimos.
Durante unos días puede resultar divertido. Después, el cuerpo empieza a pedir una pausa.
El descanso también es autocuidado.
No necesitamos aprovechar cada minuto disponible. Una mañana sin planes o una tarde leyendo tranquilamente pueden formar parte de las vacaciones tanto como cualquier excursión.
Escuchar cuándo estamos cansados parece algo muy básico, pero durante estos días no siempre lo hacemos.
Vacaciones no siempre significa dormir más
Cuando pensamos en descansar, solemos pensar inmediatamente en dormir.
Pero podemos tener más tiempo libre y estar durmiendo peor.
El calor, una cama diferente, el ruido, los cambios de horarios o acostarnos más tarde pueden afectar al descanso.
Por eso no tiene demasiado sentido obsesionarnos con una cifra concreta de horas. Es más útil observar cómo nos encontramos.
Si llevamos varios días levantándonos cansados, quizá podamos reservar una noche tranquila.
Si hemos enlazado varias jornadas llenas de planes, podemos dejar un día más abierto.
El autocuidado en vacaciones también consiste en hacer pequeños ajustes según cómo nos sentimos, en lugar de seguir un programa cerrado hasta el último día.
Hidratación sin convertirla en otra preocupación
En verano escuchamos constantemente que tenemos que hidratarnos.
Y con razón: las temperaturas elevadas aumentan la pérdida de líquidos y debemos prestar atención a la hidratación.
Pero tampoco necesitamos convertirlo en una competición para contar vasos de agua.
Una forma sencilla de hacerlo es llevar agua cuando vamos a pasar varias horas fuera y beber regularmente, especialmente cuando hace calor o realizamos actividad física.
También podemos aprovechar determinados alimentos con un alto contenido de agua dentro de una alimentación variada.
La idea vuelve a ser la misma: incorporar el cuidado a nuestra vida, no organizar toda nuestra vida alrededor del cuidado.

Disfrutar de la comida también forma parte del equilibrio
Las vacaciones suelen traer comidas diferentes.
Probamos restaurantes, tomamos un helado, cambiamos nuestros horarios y quizá comemos cosas que no forman parte de nuestro día a día.
No hay necesidad de vivirlo con culpa.
Una alimentación equilibrada no depende de una comida concreta ni de una semana aislada.
Podemos disfrutar de aquello que nos apetece y, al mismo tiempo, seguir prestando atención a cómo nos sentimos.
Si llevamos varios días comiendo fuera y nos apetece algo más ligero, lo elegimos. Si queremos probar un postre típico del lugar que estamos visitando, también podemos hacerlo.
El autocuidado consciente no consiste en controlar cada decisión.
Consiste en escuchar un poco más nuestras necesidades.
Un neceser más sencillo para unas vacaciones más cómodas
Preparar el neceser suele ser un buen momento para revisar cuánto necesitamos realmente.
Es fácil empezar con “por si acaso”.
Una crema por si hace frío. Otra por si la piel está grasa. Un tratamiento que llevamos semanas sin utilizar pero que quizá retomemos durante el viaje.
Al final, terminamos transportando media estantería del baño.
Puede ser más práctico pensar en nuestra rutina real.
¿Qué utilizo todos los días?
¿Qué necesito sí o sí?
¿Qué producto específico estoy utilizando actualmente y no quiero interrumpir?
Con esas preguntas podemos reducir bastante el equipaje.
También conviene adaptar el tamaño de los productos a la duración del viaje y comprobar las restricciones si vamos a volar.
Un neceser sencillo hace que mantener nuestra rutina resulte mucho más fácil.
El autocuidado también puede ser no hacer nada
Quizá este sea uno de los puntos que más nos cuesta.
Estamos tan acostumbrados a relacionar nuestro tiempo con hacer cosas que incluso las vacaciones terminan llenándose de tareas.
Hay que visitar esto, reservar aquello, hacer una excursión, aprovechar el día…
¿Y si una tarde simplemente no hacemos nada?
No necesitamos convertir cada momento libre en una experiencia memorable.
Estar tranquilamente en una terraza, leer, dar un paseo sin rumbo o dormir una siesta también puede ser una buena forma de utilizar nuestro tiempo.
Especialmente si durante el resto del año vivimos pendientes del reloj.
Ese espacio sin obligaciones también es autocuidado.
Volver de vacaciones sin tener que empezar de cero
Después llega el regreso.
Abrimos la maleta, ponemos lavadoras y al día siguiente parece que tenemos que recuperar inmediatamente todas nuestras rutinas.
No hace falta hacerlo todo el primer día.
Igual que adaptamos nuestros hábitos cuando comenzaron las vacaciones, podemos recuperarlos poco a poco cuando volvemos.
Quizá retomemos primero nuestros horarios habituales de sueño. Después reorganizamos las comidas. Volvemos a nuestra rutina facial completa y recuperamos otras actividades que habíamos dejado aparcadas.
También podemos preguntarnos si algo de lo que hemos hecho durante las vacaciones merece quedarse.
Puede que hayamos descubierto que nuestra rutina facial funciona perfectamente con menos productos.
Quizá nos haya sentado bien caminar después de cenar.
O nos hemos dado cuenta de que necesitamos reservar más momentos sin planes.
Las vacaciones también pueden servir para revisar algunos hábitos que mantenemos por pura inercia.
Cuidarse de forma consciente, también cuando cambia la rutina
El autocuidado en vacaciones no consiste en hacer exactamente lo mismo que durante el resto del año.
Tampoco significa olvidarnos completamente de nosotros mismos hasta volver a casa.
Entre esas dos opciones existe una alternativa mucho más razonable: adaptar nuestros cuidados.
Mantener una rutina facial sencilla. Proteger la piel del sol. No olvidarnos de nuestra higiene bucal. Beber agua cuando hace calor. Descansar cuando estamos cansados.
Y también disfrutar.
Porque salir a cenar, acostarnos más tarde algún día o dejar la rutina facial reducida a lo esencial no significa que hayamos dejado de cuidarnos.
A veces ocurre justo lo contrario.
Nos estamos permitiendo vivir de una forma diferente durante unos días.
Lo importante es conservar aquellos hábitos que realmente tienen sentido para nuestro bienestar y dejar espacio para que las vacaciones sean lo que deberían ser: un cambio de ritmo.
Cuando entendemos el autocuidado de esta manera, deja de ser otra obligación que tenemos que cumplir.
Se convierte simplemente en prestar atención a cómo estamos y responder a lo que necesitamos.
También cuando estamos de vacaciones.
Preguntas frecuentes sobre autocuidado en vacaciones
¿Cómo puedo mantener mi rutina de autocuidado durante las vacaciones?
No es necesario mantener exactamente la misma rutina. Identifica los cuidados que consideras esenciales y crea una versión más sencilla que puedas realizar fácilmente aunque cambien tus horarios.
¿Qué productos debería llevar en el neceser de vacaciones?
Dependerá de tus necesidades, pero es recomendable priorizar aquellos productos que utilizas realmente a diario. En cuidado facial, una rutina básica puede incluir limpieza, hidratación y protección solar, además de cualquier cuidado específico que necesites mantener.
¿Está mal abandonar algunos hábitos durante las vacaciones?
No. Las vacaciones implican un cambio de ritmo y es normal modificar determinados hábitos. Lo importante es distinguir entre simplificar nuestra rutina y abandonar cuidados básicos que afectan a nuestro bienestar.
¿El descanso también se considera autocuidado?
Sí. El autocuidado no consiste únicamente en utilizar productos o realizar determinadas rutinas. Dormir, bajar el ritmo, reservar tiempo sin planes y escuchar las señales de cansancio también forman parte de él.
¿Cómo puedo recuperar mi rutina después de las vacaciones?
No necesitas retomarlo todo de golpe. Recupera primero los hábitos que más influyen en tu bienestar y ve incorporando progresivamente el resto. También puede ser un buen momento para valorar si realmente necesitas volver a todos los pasos que realizabas antes de las vacaciones.

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