La psoriasis es una enfermedad cutánea crónica que se caracteriza por lesiones bien definidas cubiertas de escamas blanco-nacaradas que producen una descamación intensa. Se trata de un trastorno de piel que cursa con brotes y se manifiesta con gran variabilidad en sus síntomas, siendo la psoriasis vulgar la más frecuente, con placas pequeñas que se localizan en codos, rodillas, glúteos y cuero cabelludo.

Existen unos factores desencadenantes conocidos capaces de precipitar sus brotes: las infecciones (particularmente por streptococcus), el frío, el estrés emocional, los traumatismos cutáneos repetidos y ciertos fármacos. También la dieta en personas con sobrecarga hepática favorece su aparición, en estos casos recomiendo leer nuestro post sobre depuración aquí.

Una piel con psoriasis nos recuerda a los fragmentos de una coraza, muestra una epidermis engrosada que al igual que la mayoría de los trastornos de piel se corresponde con un conflicto de separación. Además, al estar implicado el sistema inmunitario de la persona, es decir, nuestras defensas, podría expresar una búsqueda de protección o el miedo a ser heridos. Cada vez son más los profesionales de la salud que constatan la aparición de las enfermedades como una expresión de las necesidades físicas y emocionales de nuestro cuerpo. Cuando no hay una solución exterior a esa necesidad, hay una solución interior

psoriasis-neckLa extrema sensibilidad es un rasgo característicos de las personas con psoriasis, aunque se muestren con la máscara de ser muy duros y seguros de sí mismos, en realidad tratan de compensar su vulnerabilidad protegiéndose del acercamiento físico con lesiones en la piel, viven un conflicto de separación de estar o no estar en contacto con alguien. De la misma forma que los problemas con nuestra estructura ósea denotan un conflicto de desvalorización, o una persona que siempre tiene prisa, puede desarrollar un nódulo del tiroides para sintetizar más tiroxina y aumentar el metabolismo de su cuerpo. Nuestro cuerpo es el mapa físico de nuestra conciencia, un fiel reflejo de cómo funcionamos en las distintas áreas de la vida. Cualquier síntoma físico es una oportunidad para hacernos conscientes de que hay un área en nuestra vida que necesita atención.

La homeopatía es particularmente eficaz para evitar los brotes de la psoriasis, no sólo porque ayuda a gestionar y liberar la tensión emocional, también trata los síntomas reduciendo el picor, la inflamación, evitando el riesgo de sobre infección y mejorando el aspecto de nuestra piel.

Los tratamientos tópicos específicos elaborados con ingredientes naturales serán indispensables, ayudarán a reducir los brotes y actuar ante la aparición de los primeros síntomas. Los aceites vegetales naturales son muy recomendados por su riqueza en ácidos grasos insaturados que regeneran la piel, la protegen y la nutren intensamente, destacamos: aceite de rosa mosqueta, de oliva virgen y almendras. También es importante incluir lociones que tengan propiedades antiinflamatorias y antibióticas como la caléndula.

La manteca de karité es rica en vitaminas A y E, por lo tanto nos ayudará a regenerar la piel y nutre la sequedad de las lesiones.

Otro hábito muy recomendable es añadir unas gotitas de aceite esencial de árbol de té por sus propiedades antisépticas y antibióticas a nuestro gel de ducha, champú, o diluirlo en un aceite vegetal, en muchos casos las lesiones se agrietan y llegan a sangrar con riesgo de infecciones.

Hacernos cargo de nuestros sentimientos y reconocer nuestra vulnerabilidad es un gran paso para evitar crearnos lesiones como las que se presentan en la psoriasis. Por el contrario, esconder nuestros miedos e inseguridades aumentará el grosor y la extensión de las placas.