En algún momento de la vida todos hemos experimentado situaciones en las que es más fácil apreciar el vínculo que existe entre el estado emocional y el estómago. Expresiones como tengoun nudo en el estómago” ante una prueba o desafío, “me revuelve el estómago hablar de una situación o persona o simplemente “perder el apetito” ante un impacto emocional determinado, son más habituales de lo que pensamos y su influencia sobre las funciones digestivas es directa.

Puesto que las emociones alteran las funciones digestivas, sobre todo cuando las reprimimos o se prolongan demasiado, un buen manejo de las mismas se hace necesario para prevención y evitar el riesgo de desarrollar patologías tan serias como el Síndrome de Intestino irritable, las úlceras gástricas o las cada vez más extendidas intolerancias alimentarias.

Si hay un órgano importante en la función digestiva es el hígado. Entre sus múltiples funciones está el metabolismo de los carbohidratos, proteínas, grasas y la producción de bilis, el problema es que el estrés emocional y mental diario afectará a este órgano más que a ningún otro. Sabemos la importancia de apoyar su funcionamiento con fórmulas de detoxificación hepática, sin embargo, estar enfadados continuamente también bloquea a este órgano. Por ello, si no atendemos lo que nos frustra, disgusta o modulamos el exceso de ira, los problemas digestivos derivados de estas emociones seguirán con nosotros provocando trastornos tan comunes como la acidez gástrica, pesadez digestiva o el reflujo gastroesofágico.

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De la misma forma, vivir con un miedo desproporcionado ante las situaciones de la vida afectará al flujo de la bilis hacia el intestino, por lo tanto no procesaremos bien las grasas y aparecerán trastornos tan habituales como hinchazón, gases, diarrea o estreñimiento, deficiencia de vitaminas liposolubles y alteración de la flora bacteriana.

El comportamiento que cada persona tiene con la comida también nos habla de las carencias afectivas que están detrás del deseo de azúcar por la estrecha relación del amor y el dulce, los atracones de comida que denota “hambre de cariño”, o la apetencia por el picante y el deseo de nuevas experiencias.

En definitiva, cuidar la vía digestiva con una alimentación equilibrada y natural, apoyarnos con preparados que alivian los malestares digestivos y hacer dietas depurativas son opciones válidas. Pero a falta de una adecuada gestión del estrés y el riesgo que las emociones desproporcionadas tienen sobre la salud digestiva, los problemas continuarán con más intensidad.

Entre las opciones terapéuticas más útiles para apoyar trastornos emocionales o conductas adictivas encontramos los remedios florales del doctor Bach:

Las esencias florales actúan sobre el estado de ánimo, compensando el sistema nervioso y estabilizando el pensamiento, por eso muchos síntomas físicos desaparecen. No inciden sobre la enfermedad ni el cuerpo físico, sino sobre el estado de ánimo implicado en la enfermedad.

Alguno de los remedios que pueden utilizarse para abordar los desequilibrios digestivos:

Achicoria: Es la flor más indicada en procesos de desapego, cuando la persona busca los alimentos dulces tras una ruptura, sentimiento de abandono o falta de afecto.

Impaciencia: indicado para las personas que hacen todo rápido y son irritables, ingieren los alimentos de forma rápida y después sufren de cólicos, espasmos y diarreas.

Agrimonia: se emplea en caso de adicción con la comida y el abuso de estimulantes como el alcohol, la persona que necesita este remedio floral evita los conflictos porque necesita agradar y la aprobación de los otros.

Pino: Será especialmente útil en personas que se dan atracones en privado y después se sienten culpables

Manzano silvestre: Esta flor es para las personas que no aceptan su cuerpo, puede ser útil en los trastornos de bulimia o anorexia.

Para un trabajo más profundo y riguroso de los distintos trastornos digestivos que requieren una combinación de distintas esencias florales, la ayuda de un buen terapeuta se hace necesaria e imprescindible.